Cuando realizamos láser ginecológico CO₂ fraccionado buscamos una cosa muy concreta: activar la reparación natural de tu mucosa para que vuelva a funcionar y sentirse mejor. Para que ese objetivo se cumpla, los cuidados posteriores son tan importantes como la propia sesión. Piensa en ello como una obra de restauración: el láser crea un daño controlado que despierta a los fibroblastos y pone en marcha la fabricación de nuevo colágeno; nuestros cuidados le dan a ese tejido el tiempo de paz que necesita para reorganizarse sin sobresaltos.
Qué pasa en tu tejido tras el láser ginecológico y por qué los cuidados importan
Al finalizar la sesión, la zona tratada —vaginal y/o vulvar— queda llena de microzonas térmicas. No son heridas abiertas, pero sí pequeñas señales biológicas que activan la inflamación útil (la que abre el proceso de reparación) y, en pocos días, la proliferación de células que rehacen la mucosa. Ese primer capítulo dura muy poco; aun así, es crítico que lo respetemos. Si en esas horas sometemos el tejido a fricción intensa, calor excesivo, inmersión en agua o productos irritantes, podemos entorpecer la cicatrización y retrasar los resultados. Por eso insistimos tanto en las primeras 48–72 horas: ahí es donde más se gana siendo prudentes.
Del “daño controlado” a la reparación: colágeno nuevo y mucosa más competente
Nosotras lo explicamos así en consulta: el láser señala a tu cuerpo exactamente dónde debe reconstruir. En los días siguientes, la mucosa engrosa, el colágeno se reorganiza y el tejido recupera elasticidad y sostén. El confort que notas —menos sequedad, menos escozor, mejor respuesta en tus relaciones o menos escapes al esfuerzo— es la traducción cotidiana de ese trabajo microscópico.
Cuidados inmediatos tras el láser: crema regeneradora, higiene suave y calma tisular
Nada más terminar aplicamos una crema regeneradora con base oclusiva ligera. Es el primer gesto para sellar, calmar y ayudar a que el agua se quede donde debe. Te pedimos que sigas con esa crema en casa entre cinco y siete días, mañana y noche, con una capa fina y sin fricciones. Si la sesión ha incluido vulva y notas una sensación de calor o ardor más intensa de lo esperado, podemos pautar de forma personalizada un dermocorticoide tópico durante uno o dos días (por ejemplo, betametasona 0,05 %) para cortar esa molestia y que el descanso tisular sea completo. La zona vaginal suele tolerarse muy bien; lo que más puede notarse, y solo a veces, es un escozor en el introito que remite en unas horas.
En paralelo, cuidamos la higiene con gestos sencillos: agua tibia en la ducha, secado con suaves toques y ropa interior transpirable. Evitamos jabones agresivos, perfumes y toallitas con alcohol. Si necesitas hidratación adicional, te indicaremos productos compatibles con la fase de regeneración.
Cómo usar la crema en casa (5–7 días) y cuándo valorar dermocorticoide
No buscamos “embadurnar”, sino constancia. Una película fina crea el microclima perfecto para que la mucosa cierre el capítulo inflamatorio sin sobresaltos. Si aparece picor o quemazón que te inquiete, nos avisas: valoramos in situ si mantener solo la crema regeneradora o si añadir el dermocorticoide un par de días. No prolongamos corticoide más allá de lo necesario.
Lo que evitar y cuándo retomar: relaciones, ejercicio, piscina y calor
Durante aproximadamente cinco días damos a tu tejido una ventana de paz. En ese periodo pedimos evitar relaciones sexuales, ejercicio intenso, inmersión en piscinas, jacuzzis o baños de tina y calor excesivo (sauna, vapor, compresas calientes directas). A partir de ahí retomamos por pasos, siempre escuchando a tu cuerpo: primero la actividad cotidiana, luego el deporte moderado y, cuando no hay molestia ni hipersensibilidad, la intimidad. En la mayoría de los casos, entre el quinto y séptimo día ya te sientes lista para volver a tu rutina. Si hemos trabajado mucho vulva (más sensible que el canal), podemos recomendarte un margen un poco mayor antes de retomar el impacto o la fricción sostenida.
Vulva vs canal vaginal: ventanas de tiempo y sensaciones esperables
No es lo mismo tratar solo canal vaginal que incluir introito y vulva. La mucosa vaginal tiende a “quejarse” poco; la vulvar, por su inervación y exposición, puede dejarte una sensación de calor algo más marcada en las primeras horas. Por eso individualizamos recomendaciones: la mayoría de las veces bastan 48–72 horas de calma; si el trabajo ha sido amplio en vulva, preferimos completar los cinco días antes de volver a una vida completamente activa. En cualquier escenario, si algo se sale de lo esperable —dolor que no cede con medidas sencillas, sangrado llamativo o secreción con mal olor—, te vemos antes.

Señales normales y señales de alerta: qué notarás las primeras 48–72 horas
Esperamos una sensación de regla suave, un leve enrojecimiento o hinchazón y, las menos veces, un escozor puntual tras la última sesión que se apaga solo en un par de horas. Lo que no queremos ver es dolor persistente que te impida el descanso, fiebre, sangrado continuo o secreción con olor fuerte. Si asoma cualquiera de esos signos, te citamos y ajustamos. Tener un canal de comunicación abierto es parte del protocolo: preferimos resolver dudas pequeñas a tiempo que dejar que te inquietes en casa.
Calendario de resultados: de la primera semana a los 2–3 meses
No buscamos un efecto “flash”, sino una mejora que se consolida. En la primera semana suele aparecer esa sensación de tejido más calmado y cómodo. Entre la segunda y cuarta semana muchas pacientes nos dicen que notan mejor lubricación, menos irritación y, si el objetivo era funcional, más sujeción. Hacia las ocho–doce semanas se alcanza el tramo de colágeno maduro: es cuando la textura y el sostén terminan de asentarse. Si estás en periodo posparto, ajustaremos tiempos a tu recuperación global; si estás en menopausia, ponemos especial atención a revisar hidratación y elasticidad con el apoyo de medidas médicas complementarias cuando tiene sentido.
Revisión a 6 meses y sesión de refuerzo: quién la necesita y por qué
Tras el ciclo inicial solemos verte a los seis meses. Esa visita sirve para medir el impacto real del tratamiento y, si procede, realizar una sesión de refuerzo. En mujeres con menopausia, donde el déficit hormonal es crónico, este refuerzo ayuda a sostener el trofismo tisular en el tiempo. En otras etapas de la vida, la necesidad de refuerzo depende de la situación de partida: no es igual una mujer con varios partos y cicatriz rígida que otra con síntomas leves y mucosa cercana a la normalidad.
Mantenimiento anual y menopausia: cómo sostener los efectos en el tiempo
Después de las tres sesiones iniciales —habitualmente separadas por aproximadamente un mes—, recomendamos mantenimiento anual. En menopausia esa pauta es especialmente valiosa: el láser suple en parte el papel trófico que antes desempeñaban tus hormonas, y mantener una frecuencia estable evita que el tejido retroceda a su estado previo. Ajustamos el calendario si hay cambios vitales (nuevos fármacos, cirugías, actividad deportiva) o si tus síntomas cambian.
Lo esencial en una frase
Démosle a tu tejido paz y constancia: crema regeneradora 5–7 días, higiene suave, sin fricción ni calor durante unos cinco días, y revisiones que respeten el ritmo de tu cuerpo. Así el láser CO₂ cumple su promesa: menos molestias, mejor función y una intimidad que vuelve a sentirse como debería.
Los cuidados tras el láser ginecológico no son complicados; son coherentes con lo que le pedimos al tejido: que se reorganice. Con pequeñas decisiones —una crema a tiempo, unos días de calma, sentido común con el deporte y la intimidad—, la recuperación se vuelve predecible y los resultados, sostenibles. Nosotras estaremos a tu lado en cada paso: para resolver dudas, adaptar el plan y asegurarnos de que lo que empieza en la camilla se traduzca, de verdad, en tu día a día.